La relación entre el Gobierno Nacional y la provincia de Buenos Aires atraviesa uno de sus momentos mas delicado en años. Con Milei al frente de Casa Rosada y Kicillof a cargo del distrito mas poblado del país, el vinculo continua atravesado por diferencias marcadas y cada vez mas profundas, con cruces que impactan de lleno en la gestión y la vida cotidiana de millones de bonaerenses.
Dicho conflicto se traduce en recortes, discusiones claves en cuestiones de seguridad, coparticipación y políticas sociales, como asi tambien en paralización de obras.
El modelo de ajuste fiscal, reduccion del Estado y Eliminación de transferencias discrecionales a provincias y municipios fueron la clave de las economías políticas del Gobierno Nacional, y en contraposición, Kicillof aboga por la defensa de un Estado presente, con intervención en áreas como educación, salud, seguridad y asistencia social.

Pero el conflicto no se limita a lo administrativo, sino mas bien a los discursivo, con una escalada de “críticas” que complican los canales de diálogos unipersonales.
La tensión entre Nacion y Provincia tambien tiene consecuencias concretas: menos obras y mantenimiento de infraestructuras, dificultades en programas sociales y asistenciales, incertidumbre en áreas claves anteriormente mencionadas, y mayor presión sobre las cuentas provinciales y municipales.

En ciudades del interior, como nuestra ciudad, el conflicto se traduce en obras frenadas, ajustes presupuestarios y preocupación por el futuro de proyectos locales, que en el caso de la gestión Passaglia se fueron solventando con inversión local.
Aun asi, Buenos Aires sigue siendo un territorio clave y punto estratégico, ya que allí se concentra el 40% de la población del país y que aporta gran parte de la recaudación nacional.